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Semana Santa de Bercianos de Aliste: tradición centenaria en Zamora

Semana Santa de Bercianos de Aliste


La Semana Santa de Bercianos de Aliste se vive con un fervor único y una tradición que se remonta, según la memoria local, a la Edad Media. Esta Pasión viviente, organizada por la Cofradía de la Vera Cruz (hoy del Santo Entierro) del pueblo, ha sido reconocida oficialmente como Bien de Interés Cultural Inmaterial por la Junta de Castilla y León. 

Foto de la Pagina de Facebook de Riofrio de Aliste

A través de ritos profundamente enraizados, la Semana Santa de Bercianos se mantiene prácticamente inalterada a lo largo de los siglos, constituyendo un ejemplo singular de la religiosidad popular en la provincia de Zamora.

Orígenes históricos y bula papal


La primera constancia documental de esta celebración es la bula pontificia obtenida en Roma el 7 de enero de 1536 por el papa Paulo III. 

En aquel privilegio apostólico se recogían privilegios excepcionales para los cofrades de Bercianos, entre ellos indulgencias plenarias (incluida una “in articulo mortis”) por participar en las ceremonias de la Pasión. 

La tradición oral atribuye este favor papal a la intervención de Francisco de Quiñones nacido en la zona y ya cardenal aunque, según la investigación, la bula fue emitida a petición de dicho religioso. 

A pesar de los siglos, los cofrades siguen conservando celosamente aquel pergamino en la sacristía de San Cosme y San Damián, sintiendo un orgullo especial por este privilegio único.

Jueves Santo: las capas de honras y el Miserere


El Jueves Santo en Bercianos arranca con una Misa vespertina en la iglesia de San Mamés, a la que asisten los cofrades. Cada cofrade hombre viste la tradicional capa parda alistana (también llamada “capa de honras”), prenda ceremonial reservada para actos solemnes. 

Cada uno lleva en la mano un hachón con vela encendida, que portará durante la procesión que sigue a la misa. Al terminar la eucaristía, el cortejo inicia su salida ordenada de la iglesia, encabezado por los mozos del pueblo portando estandartes y seguido por los cofrades con sus capas.

Foto pagina Facebook Diputación de Zamota

La procesión del Santo Cristo o “La Carrera” sube hasta el Calvario un Vía Crucis señalizado con doce cruces de granito mientras se entona el Miserere. Durante el recorrido, los cofrades de capa cantan las estrofas en latín y el resto de los vecinos las repiten en castellano, en un solemne diálogo coral.

Ya en el Calvario, depositan la talla de Cristo crucificado ante tres cruces de granito y alternan la recitación de los cinco Padrenuestros con el canto de las Cinco Llagas. De este modo concluye la tarde del Jueves Santo, marcada por la sobriedad de las capas pardas y la emoción del Miserere (letra atribuida al religioso gaditano Fray Diego José de Cádiz).

Viernes Santo: Descendimiento y Adoración de la Cruz


El Viernes Santo en Bercianos comienza a primera hora de la mañana con los cofrades reuniéndose para preparar el escenario del Sermón del Descendimiento. A mediodía, la iglesia de San Mamés se llena de vecinos para los Santos Oficios y la llamada Adoración de la Cruz, en la que todos los cofrades desfilan uno a uno hacia el altar para besar la talla del Cristo de la Cofradía. Este rito comunitario refuerza la devoción popular y caldea el ambiente hasta la tarde.

Alrededor de las 16:00 h la Plaza Mayor, junto a la iglesia, ya está abarrotada para el acto central del día: el Sermón del Descendimiento. Los cofrades salen de la iglesia ataviados con sus túnicas blancas de lino (que servirán de mortaja el día de su entierro) y entonan el sobrecogedor “Perdón, ¡oh Dios mío!” al reunirse junto al Cristo crucificado y la Virgen Dolorosa en el centro de la plaza. 

Entonces el párroco pronuncia el sermón solemne que cada año subraya el dramático momento de la Pasión. Al finalizar el sermón, los cofrades efectúan el desenclavamiento: el Cristo articulado (siglo XIX) se baja de la cruz, se presenta ante la Virgen Dolorosa y se introduce en la urna de cristal que lo custodiará hasta el siguiente Viernes Santo.

A continuación comienza la procesión del Santo Entierro, igualmente dramática. Primero salen los mozos con pendones, luego los cofrades con sus túnicas blancas cargando la urna del Cristo, acompañados por otros cofrades con capa parda y por mujeres vestidas de riguroso luto que portan la Virgen Dolorosa. 

Foto de la Pagina de Facebook de Riofrio de Aliste

El cortejo avanza hacia el Calvario por el mismo camino que la noche anterior, y de nuevo resuena el Miserere: los cofrades de mortaja cantan en latín y el resto en castellano. En la cima depositan la Cruz de la Cofradía ante las cruces de granito y repiten el rito de cantar Las Cinco Llagas intercalando los Padrenuestros. Finalmente, con el Cristo ya entronizado como Yacente, la procesión regresa silenciosa al templo mientras cala hondo en los presentes la intensidad de la vivencia.

Un patrimonio vivo


La singularidad de la Semana Santa bercianense está amparada por la ley. Sus procesiones del Jueves y Viernes Santo han sido declaradas Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial por la Junta de Castilla y León, y la celebración completa cuenta con la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional. 

Cada cofrade, cada símbolo (capas pardas, túnicas blancas, cánticos latinos) y cada vecino de Bercianos participa con el mismo rigor que hace siglos. Hoy, como entonces, la Pasión de Bercianos se vive en comunidad con la misma autenticidad y austeridad, convirtiéndola en un viaje único a través del tiempo y en uno de los ejemplos más puros del patrimonio religioso popular de nuestra provincia.


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